Yachaq grafiti

Yachaq grafiti

jueves, 4 de octubre de 2018

Cortometraje

El tío "Cutra"

    Asistir a un centro educativo escolar en el segundo año de secundaria era empezar desde cero, pues me había matriculado con el fin de aprender mejores cosas y tener, en efecto, una mejor calidad de enseñanza por parte de los profesores. Conocí una nueva infraestructura y amplios salones, así como a distintos jóvenes que en más de una ocasión me los enfrenté, pero también compartí curiosos y jocosos momentos. Tenían ya formados su grupos, algunos eran huraños, agresivos, franeleros, mitómanos, homosexuales, embusteros, plajeros, entre otros contemporáneos que formaban parte de la farándula parroquial, "San Judas Tadeo".

    Recuerdo que el dueño de dicho colegio era el padre Paolo, otrora señor de la tercera edad, de carácter férreo y mirada hostil cuando formábamos fila, sobre todo, conocido por sus famosos cachetadones que les propinaba a aquellos estudiantes cuando cometían algún acto de malcriadez o indisciplina. El sacerdote falleció, me contaron después, al año siguiente. Si bien es cierto, ello suscitó una pena para algunos, pero un regodeo y algarabía para la mayoría que se dedicaban a pasar las materias por "agua caliente", y hacer bullying a incautos compañeros. Y saber que ese extranjerismo, palabra acuñada hoy en día, no tenía la menor relevancia y conciencia en los castrenses cerebros de docentes y autoridades de aquellas épocas, en las que paradójicamente se perpetraban excesos y abusos en los interiores de los retretes y salones fuera del horario escolar. Y hubo alguien que no podía ser la excepción, por lo que se me viene, de facto, a la cabeza un profesor de educación física que contrataron a mitad de año, un personaje mórbido y bribón que frisaba los 40 años, y que al principio no parecía matar ni a una mosca. A este señor le apodaban el tío "Cutra". Aparte que fomentaba la indisciplina y la mofa colectiva, era un comechado y pendenciero de aquellos, que le gustaba negociar sucio y obtener billete por lo bajo a toda costa. Dada la reputación que tenía, yo me preguntaba para mis adentros, cómo habían podido contratar a una persona así. Recuerdo que luego lo nombraron como profesor del curso de razonamiento verbal, y para muestra un botón, puesto que nos pidió comprar un libro para estar al unísono con su mediocre enseñanza. Antes bien nos dijo que podía acceder a ellos y ponerlos en venta a un precio, incluso más de lo que realmente era su valor. Esto supuestamente no lo sabía nadie, ni la misma directora, aunque aquél decía que sí tenía conocimiento. Mas todo era mentira. Comprobé luego que dichos libros tenían el sello de la dirección del colegio, pero a esta sanguijuela le valía madre. La plata que recibía de todos se los metía directamente al bolsillo con la mayor frescura y descaro, haciéndonos creer lo contrario, como la mayoría de los peruanos, politiqueros, poseros de la televisión o congresistas de poca monta, que les gusta obtener el dinero fácil y mal habido, sin hacer nada.

- ¡Habla, tío "Cutra"! - lo jodíamos entre risas a veces cuando nos tocaba clases de educación física.
-¡Ya dejen carajo de hablar así! - nos decía eufórico, pero bien que se manejaba su buen rabo de paja.

   Aquel personaje siempre hizo de las suyas, era el arquetipo perfecto para quienes lo emulaban y pactaban con él; de aquellos que a hurtadillas hacían "bien" su trabajo, pues nunca lo pescaban con las manos en la masa. Ya en vísperas de fin de año, nos enteramos que ya no venía al colegio, lo que despertó cierta curiosidad en todos nosotros. Pensábamos que lo habían botado a raíz de otro rumor que corría por los pabellones cuando afirmaron que tuvo una "encerrona" con uno de los estudiantes de su mismo sexo en el baño que, a decir verdad, emanaba cierto vaho de lujuria, orines y defecaciones.

    Sin embargo, no fue esa la causal de su misteriosa ausencia, pues comentaron que este condenado, hijo de la guayaba, se había tirado nada más y nada menos que la pensión de todos los estudiantes, suma que se calculaba los diez mil soles, lo cual era una cifra considerable de dinero en ese tiempo, y le venía por desgracia como un puntapié a las gónadas de los demás docentes que no pudieron recibir la "grati" a fin de año.
    El tío "Cutra" se había ido a la fuga, de forma clandestina. Nunca más lo volvimos a ver en lo que restaba del año escolar. No obstante, según algunos testigos presenciales, lo vieron por última vez por la novena de Pando, cerca a la jurisdicción donde quedaba el centro educativo. Pues dijeron que lo habían encontrado moribundo en medio de un pantanoso charco de sangre tirado en el suelo. Tras la llegada de la Policía y los peritos, nunca se supo si dieron con el paradero de los autores de tamaño crimen, mas sí nos quedó bien claro algo: "Lo que mal empieza, mal acaba". Al tío "Cutra" le habían dado vuelta. Asumimos por un ajuste de cuentas.

Michael Quevedo





La muerte del capitalismo

    Cuando tenía 20 años trabajaba de limpieza en uno de los clubes del sector empresarial de Camino Real. Siempre iba después de la universidad a madrugar. Comía mierda que nos dejaban y yo estaba encargado del segundo nivel donde tenía que mantener dos baños de hombre y mujer, el restaurante, un vestíbulo alfombrado, cuartos de reunión y de negocio y un sector de oficinistas. Era cansado pero terminaba para colarme en la cocina y comerme postres que quedaban. A veces lo hallaba a Ñulfo, el que limpiaba la cocina de chef y nos pelábamos unos vinos hasta quedar bien sazonados. Me hacía el loco y volvía a unos muebles donde no había cámaras a conversar con Raúl, el que limpiaba el cuarto nivel. Me contaba sus aventuras con kines y travestis hasta que llegaba la mañana y me bañaba con jabón liquido.

    En la madrugada el club era desierto pero varias noches empresarios como los Brescia y los Benavides, con políticos se quedaban a libar whisky con acompañantes colombianas a las que les daban curso en los salones privados de reuniones y yo me hacía el loco regresando a mi cubil de limpieza a conversar con Lucía, una ayacuchana joven que se encargaba de la lavandería. Ella escuchaba los gemidos de las hembras. Duro duro me vengo me vengo así rico papi y nos reíamos mientras le miraba las piernotas que tenía y le decía en son de broma cuáles son tus palabras. Ella me miraba fijamente.

    Una noche el Dr. Brescia y Forsythe me vieron pasar pues limpiaba la alfombra de manchas y como preguntándome qué hace un blanquito limpiando pisos me invitaba a chupar vodka con ellos. Eran dos empresarios con cuatro colombianas. Me preguntaban si estudiaba y yo les decía que Sociología en San Marcos. ¿No serás terrorista no? cagándose de risa y metiéndole la mano a una de las colombianas me volvió a preguntar. Odio a la izquierda les respondí, lo cual era verdad. "Me gusta este muchacho, te voy a ascender a mozo", me decían. Les escuchaba borrachos sus estafas cómo controlaban políticos y cómo pensaban de los serranos y los chunchos de la Amazonia. Yo chupaba mi trago y le hacía ojitos a una de las colombianas que me decía no con la cabeza. Ellas sacaban sus líneas de sus pechos y jalaban. Lucia que dejaba toallas en los privados me miraba y molesta me desaprobaba con la cabeza.

    Una madrugada no había nadie en mi nivel así que me quedé en mi cubil de limpieza a fumarme un fallo cuando Lucia irrumpió en la estancia y cansada me pidió un fallo; conversamos de la explotación y ella como resentida decía qué le verán a esas colombianas. Yo advirtiendo que podía jugar con su mente, le dije: “Son más calientes seguro”. Más que las cholas no creo solo fingen con esos viejos por dinero. Rabiosa se le chispó una ceniza ardiendo en el tobillo derecho que le quemó y gritó. Yo amigable le sobé el tobillo y luego como mintiendo que mi mano no siente le besé el tobillo y subí hacia la rodilla. Ella se sonrojó y dibujando una sonrisa maliciosa me dio un patadón y me ordenó que la siguiera. Fuimos hacia los privados donde no había cámaras y al entrar se subió la falda y se tendió en el sofá, le besé las rodillas mientras le tocaba los pezones y ella respiraba más rápido. Le besé la barriguita, el cuello y las orejas y sentí sus manos en mi pantalón hurgando mi animal. Mientras abría la boca y se saboreaba mi fierro ya quería hacerla volar. Le arranqué el forro y cuando le iba a dar la primera acometida se escapó y se echó sobre la mesa de negociaciones como si fuera un platillo. Yo en son de burla, le dije: “Vamos a hacerlo en la mesa del capitalismo”. Ella se sonrió y luego severa me sacó la ropa, me dio sus pechazos rosaditos y le asesté mi animal y cerrando los ojos me gritó más más más más me voy a correr y sus caderas ya no esperaban, se contoneaban. Se lo hice en todas las posiciones jugando con su mente y me pedía que le pegara. Un par de nalgaditas y se acabó. Como estaba sin condón, al venirme me vacié en una cesta de basura que yo mismo recogía y ella furiosa me arañó: “Dónde está mi leche”.

    Se sintieron pasos en el corredor. Nos vestimos rápidamente y ella desapareció fuera del lugar. Sin oír nada salí hacia los vestidores, me bañé, me vestí y como un ladrón me escurrí de ahí. Ella estaba en la avenida esperando y con ojitos enamorados me pidió que nos volviéramos a ver. Me besó en la boca y se fue. Luego me enteré de que era la mujer del supervisor. Igual estaba loca, ya empezaban las tomas universitarias, renuncié y nunca más la volví a ver. Matamos el capitalismo esa madrugada.


Ronald Torres




Sweetie

    No  negaré  lo  que  todos  en  la  facultad  ya saben.  O  por  lo  menos  los  de  la  base  92. Tiempos  complicados  con  harta  pólvora  y ANFO.  Generación  X,  apagones,  conciertos de  hardcore,  mítines,  salidas  nocturnas  a Barranco para ver en el Cinematógrafo Nueva Ola  francesa,  neorrealismo,  free cinema, mientras  todo  alrededor  parecía  que  se desmoronaba  por  completo,  empezando por  una  clase  política  carnavalesca,  un dictadorzuelo en ciernes que había decretado la muerte de los políticos, pero él mismo era un émulo de El príncipe, pero sin Maquiavelo. Las clases de inglés en el Icpna ese otoño de 1992 fueron  como  una  ráfaga  fresca  de  aire  que inundó mi descolorida habitación. Cole Porter, Frank  Sinatra,  Ramones,  Hemingway,  Dead Kennedys y un sinfín de miradas licenciosas y bochornos  fueron  como  un  alambre  de  púas resguardando un árbol de maracuyá.

    San  Marcos  fue  como  una  jungla  invadida con  sus  soldaditos  rijosos  y  sus  perros desvergonzados.  No  era  la  primera universidad a la que ingresé. Un año y medio antes había paseado mi azorada timidez por los  pasillos  de  una  universidad  privada  que me dejó una revulsiva sensación en la boca del estómago. Sabía, muy en el fondo de mí, que no  iba  a  permanecer  mucho  tiempo  en  ese recinto  soporífero. San  Marcos  y  su  facultad de letras resultaron ser el otro extremo. Debí  haber  escuchado  a  mi  padre  y  postular a  literatura  en  la  Católica.  A  pesar  de  que mi  aversión  hacia  su  autoridad  crecía exponencialmente, el viejo seguía siendo muy generoso conmigo. Ni bien acabé el colegio, clases  de  inglés,  cuenta  de  ahorros  para  mi libre  disponibilidad,  propinas  sustanciosas  y molicie,  interminable  y  almibarada  como  un pie de  manzana  con  miel.  Y  jamás  trabajar y  conocer  lo  que  es  un  puto  jefe  o  las renombradas  jerarquías.  Todo  iba  así  hasta los veintiuno.

    No  hicimos  amistad  en  primer  año,  apenas nos hablábamos y nos separaba un sinfín de banalidades.  Salvo  una,  por  supuesto.  Ella también  estudiaba  inglés,  pero  en  el Centro de Idiomas de la Católica. Nunca se me pasó por  la  testa  que  la  chica  por  la  que  babeaba media  facultad  era  una  decidida  martaca. Debí  intuirlo  después  de  tantas  referencias al  Che,  al  MIR,  a  de  la  Puente  Uceda,  el foquismo,  Marcuse,  Libro  Rojo  de  Mao, Nueva Izquierda, Cuba y Emiliano Zapata, su gran ídolo, antes incluso que Guevara.

    Empezamos  a  salir  en  tercer  año,  a escondidas  de  su  enamorado,  un  estudiante de  Derecho,  liberal  y  deportista.  Nunca olvidaré  la  borrachera  que  nos  metimos  en el club Arequipa, en el cumpleaños de mi tío Quico.  Terminamos chupando con  Chirinos Soto,  quien  se  puso  a  recitar  a  Fray  Luis  de León. Ya  el  characato  era  una  eminencia  del fujimorismo,  pero  siempre  era  bien  recibido en la rancia casona de Santa Beatriz adonde acudían  los  arequipeños  residentes  en  la capital.  El y  mi  tío habían estudiado en el celebérrimo  colegio  Independencia.  No recuerdo  bien  cómo  salimos  de  ahí  para terminar  en  un  hotelucho  de  Lince.  Cuando desperté  te  habías  largado,  aunque  me dejaste  encima  de  la  cama  un  poemario  de Leoncio  Bueno,  amigo  de  tu  abuelo,  de  la época  del  grupo  Primero  de  Mayo.  Eso  era tan característico de ti, irte sin despedirte, de forma intempestiva. Otro  día  me  dejaste  tirando  cintura  en  una fiesta en el club Petroperú, en Surco. Tu padre era del área de contratos en el edificio central de  la  empresa.  Ganaba  un  huevo  de  plata y  podía  pagarte  una  universidad  privada, pero  tú  elegiste San  Marcos. O  mejor  dicho, tu partido  lo  decidió  así.  Habíamos  estado retozando un rato por una de las canchas de tenis. Me dijiste que ibas a hacer una llamada y que nos encontraríamos por la piscina grande. Te esperé más de dos horas. Esa vez te dejé de hablar casi un mes. Nos amistamos en la fiesta de cumpleaños de un compañero de estudios. Acudiste  con  un  pata  mayor  con  pinta  de profesor  de  academia  preuniversitaria  del Centro.  Cuando  él  tuvo  que  ir  al  baño,  te acercaste  y  me  diste  una  edición  de Los inocentes  con  una  dedicatoria  en  inglés. Acababas con un “sweetie”. Adoraba que me llamaras así. Esa vez te despediste de mí y yo no lo sabía. No regresaste a la facultad.

    Yo  seguí  con  mis  clases  en  San  Marcos  y  el Icpna,  escuchando  una  y  otra  vez  a  Frank Sinatra y los cassettes que me habías regalado con  canciones  que  hablaban  de  pueblo  y revolución. Nunca entendí tu música ni cómo te involucraste con unos fanáticos e idealistas tan  desubicados  como  tu  inefable  vocación por cambiar el mundo.

   Te volví a ver más de un año después, pero en el noticiero de las 10. El locutor hablaba de una célula  subversiva  desarticulada.  Eran  cuatro. Usaban un caserón de 400 metros cuadrados en  La  Molina  para  tener  en  cautiverio  a empresarios  secuestrados.  Tú  te  encargaste de  alquilarla  y  amoblarla.  El  contrato  de arrendamiento estaba a tu nombre. El traje a rayas con el que te mostraron a la prensa no trastocaba tu aspecto de chica clasemediera y dulce a quien una vez le propuse matri frente a la piscina de un club privado, aquel verano interminable e indócil de 1995.

   Te  mandaron  a  una  prisión  en  Yanamayo, cerca  de  Puno,  a  4000  metros  sobre  el  nivel del mar. Veinte años de cárcel y un proyecto de vida hecho mierda. Quise viajar a visitarte,  pero  mi  padre  se  opuso.  Se  había  enterado de  todo  por  un  amigo  suyo  que  era  del SIN  y  fungía  ser  un  simple  mecánico  en  un ministerio. Un día, al llegar de la universidad, me dijo: “Puta madre, si hubiese sabido desde antes te hubiera puesto en la Católica, lejos de tanto terruco de mierda”.


G.  Rojas





martes, 22 de mayo de 2018

Nuevo título de Christian Bernuy

Un título más para nosotros es motivo de orgullo, sobre todo si el autor es un joven poeta que inicia su trayectoria literaria en este país de fanáticos del fútbol y patrioteros desatados (como si no hubiesen otros deportes y otros campos culturales). El poeta norteamericano Allen Ginsberg dijo hace algunos años: “Hoy en día hay muchas quejas de que la generación más joven está alienada, deshumanizada por la televisión, la política y los medios en general. Hay falta de sentimiento…”.

La literatura, en general, y la poesía, en particular, ayudan a sensibilizar y potenciar la imaginación crítica de los  jóvenes. La capacidad creadora y estética de los jóvenes puede ser desarrollada si es motivada desde tierna edad. Tal como está expresado en la Carta Cultural Iberoamericana (CCI), de 2006: “La literatura y las artes son por excelencia expresión de las identidades iberoamericanas y de la riqueza de nuestra diversidad cultural, y representan una inmensa posibilidad de expresión que debe ser estimulada”.  Pero dejemos que hable el propio autor de esta obra. 


Un poco de mí y del comienzo de esta aventura literaria

Nacido bajo la luz de la madrugada de un primero de agosto de 1994, este itinerario creativo comenzó desde el uso de mi conciencia, elaborando muñecos en plastilina, cerámica y tela, dibujos y unos que otros escritos sobre personajes de la Historia del Perú, Universal y creaciones mías basadas en historias imaginarias, de las cuales aún tengo esas obras de infancia en físico.

Y no tan remotamente, desde hace 4 años, comenzó a surgir esta necesidad de plasmar en letras todos los pensamientos de aquellos días, basados en experiencias y en algunos deseos de ese momento, de este modo nació toda la historia de Hojas y Ramas, culminada en los días posteriores de ese tiempo.

Dividida en cuatro partes, cuatro parajes, en cuatro inicios y finales de cada sensación que trae un idilio y a la vez de uno mismo, tal vez represente lo que en algún momento se llega a sentir en el desarrollo predestinado de la recepción de la ilusión, la intensidad, el dolor y el renacer.

Bienvenido/a a esta primera aventura plasmada en estas primeras líneas.


Los globos

Solíamos caminar
bajo la tarde cálida
adorando el viento
porque levantaba
la libertad de tu cabello

Poco importaba
porque los globos
se elevaban incansables
y se ocultaban
bajo las ramas

Caía la noche y
ya no había viento que
me satisficiera por
la libertad de tu cabello

Caía la noche y
poco importaba
porque no había globos
en el firmamento



Tocando el cráter

Tengo la luna
en mis dedos
siento tu calma
brisa no te vayas
que tu viento me atrapó

No te vayas
porque alcancé tu cráter
me tienes en tu
blanco y pálido
amor

Noche no te vayas
porque no tendré vida
pues la luna
me dio su brisa
y me envolvió

Y mientras tenga
mis dedos en tu cráter
sé que mi vida es
en nuestra noche
y será eterna.


Una aureola de noche
se desplaza sobre mí.




Caballo negro

Galopando en el amanecer
resistiendo sin caer

Iré detrás de su calidez
la que me encendió en su brillantez
sobre mi alma oscura
que pintó mi camino

Galopando entre la luz de tu ser
el viento te dejará ver

El campo de ilusiones
abrió paso a la casualidad creada
sobre mi alma oscura
donde ella vino

Galoparemos juntos
sobre los caminos soleados
inundados en tu mar de flores








domingo, 29 de abril de 2018

Revuelta de las primeras sílabas. Poesía de combate


Desde el recuerdo
grato
de la sangre
te llamo
como un niño
que ha perdido sus juguetes.

Con mi soledad
de espalda a la alegría,
recorro
los cuatro metros de mi celda.

Edgardo Tello





MOLINOS

Hubiera podido vivir cien vidas
y tener 20 años de nuevo
con todos los privilegios
que tuve, con toda la libertad
de una raposa de mi infancia al Norte
en ese árido paraje, poblado
de palmeras  y lagartijas
pero nunca tendré lo necesario
para dejarlo todo tras un ideal
sin más patria que una raída mochila
y un improvisado campamento
donde unos 60 muchachos
entre voces sibilantes mantienen
a raya un miedo atávico.
Y tras el primer combate pasar
de golpe a la edad de la resignación
y de los humosos días
y nada de fiestas con bellas nereidas 
y el cielo se puede teñir de rojo
si te agarra el Ejército o los sinchis.
Hubiera podido vivir cien vidas más
y un largo adiós hubiera restallado
como un cráneo partiéndose contra un muro
y hubiera escuchado el lamento de los ayarachis,
el llanto de mi madre tornarse en un poema
libertario de 1906, tan antiguo
 como la ira de un pueblo que resiste
y evoca en silencio a sus muertos siempre jóvenes.





 1965
In memoriam Jaime Valeriano Gamarra

Elio Gonzalo Guillermo Luis
nombres legendarios como la escarcha de la puna
como la estrella del amanecer
surgen cual relámpago vibrante
en medio del canto atronador del jilguero
yo los escucho desde el alborear
de las primeras sílabas
cuando mi trajinar sin rumbo
era solo un vago sueño para farolas y frontispicios
qué apu inmemorial guarda ahora vuestras mochilas raídas
qué ave rapaz picotea vuestra osamenta donde crece
el musgo y el ichu encaramado
era preciso levantarse a favor del trigo y el arroyo
y sosegar al ciervo
dulcemente
saludo vuestro heroísmo y altivez
contra el amo brutal
desde esta época infame
plagada de inmundicia
donde todo está perdido
menos un gesto rebelde y viril
que hizo germinar la esperanza.


Sandinista riendo (foto de Margaret Randall) http://www.margaretrandall.org/Nicaragua



LA MEMORIA DEL TABLAZO
i.m. Alejandro Taboada, mártir petrolero

Qué áridas tormentas de arena
Vieron tus ojos refractarios
En esta tierra de oscuros
Vestigios antediluvianos.
Médanos y palmeras
Te arrullaron con sus cantos
En la tierna infancia de los juegos,
Y chilalos y pacazos
Se columbraron en tus sueños
De adolescente temerario.
No presagiabas entonces
La vileza del verdugo,
La bestialidad del poderoso…
Nada ha sido en vano, Alejandro,
Tus gritos fueron escuchados
Por las olas recónditas
Y por las caracolas insignes
De nuestro mar sin tiempo.
Nada fue olvidado: tu sangre,
Tu anhelo, tu hermosa juventud,
Tu solidario fragor, tu temple…
Que hoy se elevan por encima
Del chillido de hienas innombrables.


1 DE MAYO

Semáforos desvalidos nos observan
y el tránsito se detiene como un colibrí
banderas negras flamean con ímpetu.
Ni Dios ni Amo
para unos ojos irredentos
que han visto tantas horas enajenadas
y rutinarias
libremente imaginamos
jornadas lejanas como una lluvia de estrellas
huelgas de textiles panaderos
fiesta de la planta y recitales de obreros poetas
jodiendo a la burguesía
rancia como la lepra
y una gran manifestación de proletarios
amenazantes y tiernos
este mayo revoltoso
sin nada que celebrar.


Joven sandinista, 1979. Web de Margaret Randall



NN

Luego del combate
solo los escarabajos y las moscas celebran
la hierba chamuscada languidece
y las hienas no desaprovechan el instante
el cadáver de una combatiente de pelo castaño
sirve a la sevicia y al morbo
de la jauría enardecida
su sangre caliente aún exacerba
los gruñidos de las bestias.
A muchos kilómetros de ahí
en la capital
los amos se solazan en sus palacetes.



Márlet Ríos




Roque Dalton




SICARIO SIN ARMAS

¿Qué pretendían responder 3 poetas, caminando de noche por las calles internas de una ciudad universal, que a carrerillas estaba dejando de ser universitaria? Pretendiendo ser científica; no empezaba ni a ser técnica.

¿Qué es matar? ¿Se vive sin hacerlo? ¿Somos libres?

En este mundo infinitesimal, cuántico, la vida y la muerte existen solo dependiendo de la perspectiva. Y la belleza surge, está en todo: perfumes y pestilencia, carne putrefacta y delicados labios, masacres por el poder y playas estivas, cerdos colgados reclamando en voz humana y caída de agua, fruta glotona de selva y cabezas de pollos en los cerros. El mundo de los sentidos.

Resulta que hasta el hambre es hermosa; cuando asiste la Poesía.

La Filosofía Oriental nos acerca al Budismo, y practicamos el veganismo, para salirnos de la rueda del samsara. Pero las preguntas en este mundo condenan al inocente, lo vinculan a una libertad constante: ¿si todo es vida, plantas y minerales; cuándo se deja de matar? Esclavitud y libertad se suceden, y se es feliz de a pocos; intermitentemente. Kawsay.

Ciencia y espiritualidad se revelan como siamesas unidanzantes.
Vivimos solo de Poesía; porque lo decidimos.
Y escritores de versos nos preguntamos: ¿De dónde surge la Poesía? ¿Quiénes son los poetas? O mejor ¿quién no lo es?

Sicarios, personas pagadas para matar. Diríamos: ¿Como los militares? ¿Y qué haces con el cuerpo cuando te han matado las ideas? ¿Pueden algunos matar la esperanza, o tu alma?

Sicarios. Terrible palabra contra la alegría de los individuos, contra la familia, contra el amor de una comunidad y su organización, contra la Paz. Contra la Vida. Contra su destino.
¿Sicarios serán los políticos sin ilusión, los religiosos sin Fe, los Ateístas Sectarios, los calculados y uniformizantes sistemas radicales y sus Onegeros Sensores; los traficantes de ideologías (Éxito desesperado, poder contraconciencia, fama pueril,  pansexualismo inducido-asistido, despilfarro fatuo, sabiduría individualista-sangrienta y bilingüe, arte moderno de supermarket y poetas de la fifa; escribiendo medio en “ingles” y haciéndose los chistosos) fundamentalistas esponsorizados.

Y esto no para como bomba de racimo: los sistemas educativos agrilletantes, los inútiles profesores-moneda que ni desean ser Maestros; acariciando erotizados su cátedra, los dóciles alumnos sin autoguía, sin autoconciencia comunitaria; los acríticos futuros esclavos alegres:

Cartón + Rodilleras = Millonario Viajero… y joven?
Nadamos en tuberías de relaves, Ingeniería Ictiológica:

Desear – Trabajar – divertirse. En nuestras peceras comunicantes de colores. Metáfora para Poetas; realidad para el cardumen. 


Nuestra propuesta: Revolucionaria y por la Paz. Usualmente; mucha sangre fluye para trapear el mármol de los nuevos oligarcas.

Colectivo Cocachado


COLUMNA DURRUTI


Desde una cierta manera de cansancio, contemplo la profundidad del abismo/golpeo las cadenas, renuevo las promesas/ sé distinguir esta noche de todas las otras/ los años y las tempestades me han enseñado/ y el viento que se abre paso desde el abismo/ me sonríe desprovisto de hipocresías/ detenido/ caminando en blanca línea.

Leonel Patricio Silva

lunes, 22 de enero de 2018

Todos nuestros títulos todos

La cultura oficial no ha podido doblegarnos con su decadencia y elitismo rastrero de show business. ¡¡Estos son nuestros títulos publicados durante el 2017!! Gracias a los autores que apostaron por nosotros. A Francisco León, a José Luis Montoya, Michael Jiménez, Martín Gala, Isaac Bélitt, José Lapa, etc. Hazlo tú mismo (DIY) es la voz. 


Wanka Rock. Primera historia del rock en Huancayo, de Francisco León


Animal perfecto, de Pool Carbajal




Boletín de Investigaciones Libertarias, Nº 1.


Tribulaciones, de José Luis Montoya

Pool Carbajal y nuestros títulos


Libro Animal perfecto, de Pool Carbajal


Libro Ancestros, de J. Gamarra Z.

Song from Lima, de Francisco León

Senda de la desesperanza, de Márlet Ríos


Gata bibliófila


Poemas de Pool Carbajal, Michael Jiménez, Luis Cuenca, Martín Gala, etc.











lunes, 21 de agosto de 2017

Tribulaciones



Un nuevo título de próxima aparición es el libro Tribulaciones, de José Luis Montoya (Korriente A editores, 2017).


Prólogo

¿Sirve el arte para amontonar dinero y acariciar a los gentiles burgueses?
Primer Manifiesto Dada

   Al parecer el vórtice y el caos inexorable de la posmodernidad no dan tiempo para pensar en nada más, salvo en la búsqueda endemoniada de la productividad, la eficiencia y la maximización compulsiva de las ganancias. El matiz de ironía sería la idea de responsabilidad social empresarial. De hecho, las comunidades originarias de la Selva peruana y de otras latitudes afectadas por la terrible contaminación de las industrias extractivas (externalidades negativas de mercado) pueden impugnar legítimamente esta gestión de sostenibilidad hoy de moda. Tal como lo dijo Daniel Bell en Las contradicciones culturales del capitalismo, no es el tiempo de la cultura (sobre todo la que es crítica): "La sociedad está preocupada por las cuestiones más urgentes y amenazantes de la carestía, la escasez, la inflación y los desequilibrios estructurales de los ingresos y la riqueza dentro y entre las naciones. Por estas razones, las cuestiones culturales han pasado ahora a segundo plano".
   La globalización no solo ha traído confort y despilfarro, sino la generación de seres humanos residuales, irrecuperables para la sociedad (el enajenado mental, el paria, el desahuciado). La modernidad líquida, para Zigmunt Bauman[1], es una civilización del exceso, la superfluidad y del residuo:
“La producción de ‘residuos humanos’ o, para ser más exactos, seres humanos residuales (…) es una consecuencia inevitable de la modernización y una compañera inseparable de la modernidad. Es un ineludible efecto secundario de la construcción del orden (…) y del progreso económico (incapaz de proceder sin degradar y devaluar los modos de ‘ganarse la vida’ antaño efectivos y que, por consiguiente, no puede sino privar de su sustento a quienes ejercen dichas ocupaciones)”.

   ¿Qué papel tiene el poeta en esta tragedia? ¿Debería ser un simple espectador o mudo testigo de excepción? ¿Para un auténtico poeta contestatario todavía es legítimo eso de que “hay cosas más altas que llorar amores perdidos” (Scorza dixit)?

   Para el autor de este libro, la cuestión es muy clara. La indignación y la crítica permanente deben servir como impulsos vitales (justificaciones morales) para un poeta peruano de esta época decadente. Montoya siente un desprecio absoluto por la Iglesia, la clase política autóctona, el Estado peruano, los grupos de poder, los periodistas a sueldo de los poderosos, etc. Es evidente la cercanía espiritual de Montoya al furibundo y anárquico autor de Horas de lucha y Pájinas libres. No sorprende mucho que el diagnóstico social que realizó hace más de un siglo el poeta anarquista todavía siga vigente. La corrupción, el peculado, el clientelismo, el patrimonialismo, el autoritarismo rampante, etc. son males o lacras sociales que son parte de la estructura básica de la sociedad peruana. Hoy como ayer merecen ser denunciados en voz alta y sin ambages. ¿El poeta debe perder el miedo de verse convertido en un panfletario y crítico social? Para Montoya, es perentorio denunciar a los causantes de nuestra decadencia moral y desestructuración social. Este es su propósito fundamental y lo demás lo tiene sin cuidado.

   Este libro es una firme recusación al statu quo partiendo de certezas inexpugnables, pues tal como se señala en el poema "Los pobres siempre se encuentran": Los pobres de este mundo siempre estarán en el mismo lugar. / Y lo seguirán estando mientras no hagamos nada por cambiar el sistema. Nos viene a la memoria el poema de Bukowski "Los disturbios": He visto arder esta ciudad dos veces / en mi vida / y la cosa más notable / fue la llegada / de los políticos / con posterioridad / denunciando las fallas / del sistema (...) / nada fue corregido / la última vez / nada será corregido / esta vez / los pobres se quedarán pobres. No se trata de una inocua coincidencia, pues el célebre dipsómano, autor de Escritos de un viejo indecente y Música de cañerías, es un referente importante para Montoya. Y no solo él. En Tribulaciones retumban los ecos terribles de El Anticristo, de Nietzsche. Esto se hace más patente en el poema “Los demonios de mi corazón”. Pero aún hay más. El celebérrimo autor de Así habló Zaratustra es nombrado en el poema “Los genios son pobres y subempleados”. 

   En Tribulaciones sobresalen los versos descarnados, radicalmente pesimistas e imbuidos por un desasosiego total. No hay esperanza, si seguimos en la misma dirección, parece decirnos el autor. La recusación y el desprecio por la Iglesia y los políticos son notorios, pues hoy como ayer, la miseria está en los políticos. A despecho del pesimismo reinante y nihilismo misántropo del libro, hay un sitio para los versos anárquicos y anticlericales: “La miseria está en la Iglesia que oculta la pedofilia”. Por consiguiente, se hace un llamado a la acción directa. El poeta es el primer convocado, debido a su rebeldía e inconformismo innatos. De este modo, el autor reivindica la tradición del poeta-combatiente, del poeta activista. Mariano Melgar, Roque Dalton, González Prada, Javier Heraud, Edgardo Tello, Miguel Hernández, Kenneth Rexroth, Allen Ginsberg, Leoncio Bueno, Magda Portal y tantos más. Vida y poesía como un ethos de coherencia y dignidad.
   ¿Quedará una esperanza para los seres humanos en esta época oscura? Montoya mantiene la esperanza en la poesía, en el arte. De esta forma, un manifiesto esperanzador y libertario parece elevarse en el poema “No nos cansemos de luchar” por encima del pesimismo y la cruda denuncia: 

Es la hora de salir de la cueva, hermanos, es hora de ponernos al frente con la espada y la adarga artística, es hora de combatir el marasmo oligofrénico que nos acorrala, como una enfermedad en metástasis, es hora de luchar y de morir por un cambio real que defenestre de una vez por todas esta época grotesca de la que somos víctimas.

   En síntesis, el libro termina convertido en una ardiente proclama que se eleva en medio de la desesperanza y la desolación, producidas por una situación sociopolítica patética (la nuestra). El Perú no es ni será súper mientras millones padezcan privaciones y angustia (en la Costa Norte, Sierra y la Selva, lejos de una Lima centralista y prejuiciosa). Solo si salimos de nuestro marasmo y egocentrismo rampante, podremos construir una sociedad verdaderamente solidaria y humana, donde ningún individuo termine convertido en desecho. Los políticos, los administradores de la decadencia y el clero están sobrando. Una sociedad radicalmente nueva es la meta. El autor apuesta por ella.

Márlet Ríos




[1] BAUMAN, Zygmunt. Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Barcelona: Paidós, 2005, p. 16.

Algunos poemas de muestra de este libro que promete despertar conciencias:




Los pobres siempre se encuentran

Los pobres siempre se encuentran en el mismo lugar.
Se encuentran buscando algo de comer en las bolsas de basura,
se encuentran viviendo en esteras de calamina,
se encuentran debajo de un puente olvidado,
a orillas de un río colmado de mierda y desperdicios.

Los pobres siempre se encuentran en el mismo lugar,
pidiendo limosnas en las calles,
lavando autos en las cocheras de los supermercados,
vendiendo golosinas en los paraderos,
cantando canciones tristes en los microbuses.

Esos pobres, que miran a la gente de soslayo,
no pueden ocultar su horror,
no pueden dejar de llorar por las noches,
no pueden dejar de pensar en el suicidio.

Esos seres pobres, que van por el mundo, solos y abandonados,
no tienen padre y madre, no como tú o como yo,
no tienen nada que comer, no como tú o como yo,
no tienen posibilidad de educación y trabajo, no como tú o como yo.
Esos seres pobres, famélicos, enfermos, tísicos, locos, desesperados,
no tienen ningún tipo de esperanza, no como tú o como yo.

Los pobres de este mundo siempre estarán en el mismo lugar.
Y lo seguirán estando mientras no hagamos nada por cambiar el sistema,
mientras no tengamos piedad por el desvalido,
mientras sigamos votando por los mismos corruptos degenerados.

Seguirán ahí mientras nos corrompa el consumismo,
mientras seamos esclavos del capitalismo,
mientras solo seamos parte de ese asqueroso engranaje
llamado individualismo.

Los pobres siempre se encuentran en el mismo lugar,
ellos nos esperan para ser salvados.



No nos cansemos de luchar

No nos cansemos de luchar nunca,
la nebulosa oscura de la necedad no nos puede vencer, los necios de siempre con sus ideas rácanas y absurdas, aquellos eunucos enamorados de la globalización, los guarismos y la economía no deben hacer mella en nuestro destino, no deben socavar ni menoscabar nuestra idea artística, nosotros debemos y tenemos que acabar con lo zafio del mundo, con lo prosaico de los gobernantes, con lo vacuo de sus ideas.

No nos cansemos de luchar nunca.
Nosotros somos los encargados de la lucha, nosotros somos los que enarbolamos la bandera del arte, nosotros somos los que llenamos con sangre el papel, nosotros somos quienes dejamos el último suspiro de nuestro corazón en una hoja en blanco.

No nos cansemos de luchar nunca.
No permitamos que los estúpidos pisoteen nuestros sueños, no dejemos que los inmundos ignorantes nos digan qué tenemos que hacer, cómo ser felices, qué carrera estudiar, cómo comportarnos.
No dejemos que los bovinos de siempre nos manejen, nos manipulen, decidan por nosotros. Es hora de salir y demostrarles que el arte es el camino, que el verso es la senda, la lucha justa y honesta ante tanta mierda. Es hora de demostrar la inteligencia rabiosa de la que estamos hechos.

No nos cansemos de luchar nunca.
No importa si tenemos las manos temblorosas, no importa si la indignación nos supera el pulso, no importa si el temor nos congela el cuerpo, no importa si la desesperación nos vuelve estatuas petrificadas, nada es impedimento para luchar por lo que nos hace felices, por lo que nos ilumina el alma, por lo que nos da un sentido a esta vida mediocre de trabajos mal pagados, de universidades que mienten, de políticos carroñeros, de periodistas mercenarios, de programas de televisión estupidizantes, de modelos vacuos que enseñan los bíceps, de chicas perdidas que solo saben mostrar el culo.

No nos cansemos de luchar nunca.
Es el momento del arte, es el momento del poeta vomitando versos con sangre y pus rabiosa, es el momento del músico y la trova literaria, es la hora del prosista y sus cuentos mágicos, es hora de los pintores surrealistas que trasforman nuestro espíritu, es la hora de artista en general, imponiendo y masificando sus dotes.



No nos cansemos de luchar nunca.
Es la hora de salir de la cueva, hermanos, es hora de ponernos al frente con la espada y la adarga artística, es hora de combatir el marasmo oligofrénico que nos acorrala, como una enfermedad en metástasis, es hora de luchar y de morir por un cambio real que defenestre de una vez por todas esta época grotesca de la que somos víctimas.
Por favor, no nos cansemos de luchar nunca.



Los políticos sonríen como culebras

Ellos son unos reptiles, ellos no son humanos,
bajo esa sonrisa impostada,
se esconden lenguas bífidas como culebras,
se esconden ojos acechantes y diabólicos como caimanes,
se esconden colmillos venenosos como las cobras.

Bajo esa carcajada solaz y en apariencia inocua,
se esconden seres reptilianos que quieren devorarte
como las anacondas, quieren asfixiarte como las boas,
quieren triturarte como los cocodrilos.

Si no tienes cuidado y te dejas embaucar,
esos reptiles que viven arrastrándose continuamente
aprovecharán su oportunidad para:
engañarte,
explotarte,
esclavizarte,
asesinarte.

Esos reptiles, que viven aparentando ser nobles bajo
sus sonrisas, y bajo sus máscaras humanas de bondad
no pararán hasta:
enajenarte,
constreñirte,
alienarte,
entorpecerte,
callarte.

Esos reptiles, que sonríen como culebras,
son nada más y nada menos que los políticos,
esos batracios nauseabundos de saco y corbata,
esas salamandras asquerosas que fingen bonhomía,
esas lagartijas pérfidas que se alimentan de la traición.

Ellos son unos reptiles, ellos no son humanos,
bajo esa sonrisa impostada se encuentra la serpiente
que tentó a Adán, el demonio que engañó a Judas,
el Caín que mató a Abel.

Si alguna vez los ves, no lo dudes: aléjate de ellos.



José Luis Montoya leyendo sus versos descarnados y anárquicos.